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Noticia: El Mundo (edición impresa)


SEMINCI / Los 14 vecinos de Aldealseñor, en un documental

Viernes, 29/10/2004

La última generación de los páramos sorianos.

Aspecto entre la niebla de un rincón de Aldealseñor.

VALLADOLID.- "Estaremos aquí hasta que se acabe", sentencia rotundo Antonino, uno de los catorce habitantes de Aldealseñor. Departe reposadamente, azada al hombro, con otro vecino acerca de la finitud de la vida, pero la frase es perfectamente aplicable al propio pueblo soriano, donde hace décadas que no nace nadie.

Con estoicismo castellano, sin dramatismos, Mercedes Álvarez retrata en El cielo gira la extinción de la aldea de los páramos altos encarnada en sus últimos lugareños después de mil años de historia ininterrumpida. Citando el texto de la sinopsis de la película, presentada en Tiempo de Historia, "hoy la vida continúa. Dentro de algún tiempo se extingurá, sin estrépito ni testigos".

Uno de los pobladores de la localidad soriana y personaje del documental.

No es del todo cierto. Quedará el testimonio de la primera película de la realizadora que ha intervenido en el rodaje y montaje de la galardonada En construcción, de José Luis Guerín. La última niña nacida en el pueblo "quería contar con la yuda del cine cómo es la vida anterior a la total despoblación y narrar qué cosas ocurren en sus últimos días".

Aldealseñor es en estos días protagonista gracias al largometraje estrenado en la Seminci, pero su imparable desaparición no es más que un grano en la arena del desierto en el que se está convirtiendo la provincia soriana. "Es una de las más despobladas de Europa. Con El cielo gira, pretendo tomar conciencia de lo que está ocurriendo. Esta historia lleva sucediendo mil años. Nadie se preocupa por esta gente. Nadie les pregunta qué necesitan o qué hacen allí. Como muestro en el documental, los políticos pasan de largo sin comunicarse con ellos".

La última generación agota sus fuerzas en silenciosa agonía del mismo modo que el gigantesco olmo de la plaza fue secándose durante años hasta morir por dentro. Es el drama callado de una tierra y unos pobladores acostumbrados a la fatalidad. "A mayor llegarás, pero de ahí no pasarás", bromean, "No podemos vivir secula seculorum".

Una de las calles del pueblo soriano.

Los vecinos encarnan el fin de una raza de hombres y mujeres socarrones ante los giros del destino, que apenas se sorprenden por nada ni por nadie. "El carácter castellano sabe encajar las desgracias -destaca la realizadora-. Un historiador de la época dijo que los numantinos tienen el alma dispuesta a encajar la muerte".

El tiempo invertido por su autora en fundirse con el pardo de la tierra y el gris del cielo, se percibe en la pantalla. Más de un año pasó Mercedes conviviendo con sus protagonistas, que aceptaron con total naturalidad la presencia de la cámara: "Al principio impresiona. Rodábamos, con una o dos Beta Cam digitales, pero ellos se adaptaron al equipo del mimo modo que nosotros nos acostumbramos al pueblo. Fue cuestión de tiempo, complicidad e implicación. Durante la filmación, procuramos no interferir ni provocar las situaciones. Grabábamos a bastante distancia sin excesivos movimientos de cámara".

Mercedes Álvarez, directora del trabajo.

Huellas de dinosaurios, castros celtíberos, restos romanos, castillos árabes... los páramos altos han acogido a diferentes civilizaciones a lo largo del tiempo aunque, como si de una condena se tratase, siempre acabaron extinguiéndose. En un futuro no muy lejano, las ruinas del pueblo se fundirán en el humus de las generaciones milenarias que por allí pasaron.

El pincel del pintor Pello Azketa, cuya vista desfallece ante la cámara, retrata, los paisajes de la infancia de la directora. Ni siquiera la presencia del artista, casi ciego, asombra a los vecinos que intuitívamente mantienen elocuentes conversaciones filosóficas. Juan, el pastor que no ha abandonado el rebaño ni un solo día de su vida, como buen presocrático cree que la vida proviene de las estrellas. Antonino y Silvano se plantean si hay vida en Marte rodeados de un entorno marciano. No hay nada de extraño en su interés por el firmamento: "en el suelo estás ya, pues tienes que mirar para arriba".

ANGEL DOMINGO

 

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