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Noticia: El Mundo (edición impresa)


A los políticos les da igual la gente de los pueblos: ahí se sacan muy pocos votos

Martes, 10/05/2005

Tras ganar premios por todo el mundo, Mercedes Alvarez estrena El Cielo Gira, su película sobre el despoblamiento de una aldea soriana. Domingo en un pueblo de película

MADRID.- En los páramos de Soria -que por cierto existe, como Teruel, aunque tantos y tantos políticos sigan sin caerse del guindo- todavía es posible ver huellas de dinosaurios y meter los pies en ellas. Es posible ver castros milenarios -extinta y orgullosa Numancia- y entrar en las chozas donde los guerreros celtíberos esperaron bebiendo cerveza a que las huestes romanas de Escipión les aniquilaran. Cuestión de fatalismo- o de pragmatismo. Y es posible ver a los 14 habitantes de Aldealseñor, y entrar a misa de 12 con ellos y preguntarles si creen que, como cuando los dinosaurios, hará falta una lluvia de meteoritos para extinguir su huella.

También se les puede hablar -y hablan encantados- de El cielo gira, la insólita y desconcertante película con la que la directora Mercedes Álvarez ha querido plasmar la desolación del despoblamiento del páramo soriano pero, al mimo tiempo, todos los despoblamientos del mundo, y levantar algunas briznas de esperanza entre la ruina de la memoria.

Mercedes Álvarez

Una película sobre una aldea de 14 almas. Resultado: una lluvia de premios en algunos de los más prestigiosos festivales mundiales de cine documental en Holanda, Francia, Italia, Argentina y Estados Unidos. Lugares donde, es fácil suponer, no habían oído hablar mucho, poco o nada de Aldealseñor.

Dos datos resaltan en la biografía de Mercedes Álvarez: uno, fue la última persona que nació en este encantador pueblecito a 18 kilómetros de Soria, aunque se fue de allí cuando tenía tres años. Dos, trabajó como montadora a las órdenes del realizador José Luis Guerín en su multipremiada película En construcción. Y, quizá, un tercer dato: además del propio Guerín, Victor Eríce ha oficiado de consejero áulico en la gestación de El cielo gira, que llegará este viernes a las pantallas españolas.

Todo ello, convenientemente mezclado, confiere a esta película dos evidencias: un conocimiento absoluto de la cuestión por parte de la directora y una sensibilidad distinta, como no podía ser de otro modo tratándose de semejantes influencias.

Cierto pudor definió, de entrada, este proyecto de tamaño pequeño pero de enorme calado, basado en el empeño personal de una cineasta: "Quería preservar la intimidad de esa gente, su cotidianidad. Eramos siete personas en el equipo, y me dí cuenta de que, un pueblo de 14 personas, siete son multitud, porque estábamos más gente detrás de las cámaras que delante, así que acabamos reduciendo el equipo a tres. La idea era la de hacer casi un diario, una confidencia, hablar en voz casi susurrada al espectador, y hacerle confesiones".

No era sencilla la misión, y a ella había que llegar contradiciendo eso de que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta. "Era necesario un tiempo de convivencia previa con los habitantes del pueblo, porque cuando se pretende arrancarle a alguien una verdad, hace falta tener complicidad. Yo misma viví un año entero en el pueblo. El coguionista, Arturo Redín, y Abel García, que ya había trabajado conmigo en En construcción, se quedaron un tiempo allí conmigo. No filmábamos siempre. Convivíamos con ellos, les observábamos, les escuchábamos, teníamos paciencia y, en general, les acompañábamos en sus vidas. De repente, rodábamos una semana, y luego la cámara se quedaba allí, quieta otra semana, sin rodar", explica Mercedes Álvarez.

"En una película así, y si quieres conseguir familiaridad e implicación de la gente", añade, "no importa cuándo enciendes la cámara; lo que importa es todo lo que pasa antes y todo lo que pasa después. Lo más importante es buscar estrategias, saber como filmar a cada persona, porque cada una es una realidad distinta. No es lo mismo cuando Flaherty filmaba a los esquimales que filmar a los habitantes de un pueblo de Soria".

Realidad, ficción
¿Película o documental?: "Yo prefiero hablar de película", comenta la realizadora soriana, criada en Pamplona y de residencia actual en Barcelona. "La película, está claro, tiene una materia documental, porque habla de personas reales, pero eso luego hay que organizarlo en un relato, y el relato ya no es documental, sino ficción, y ese relato se hace a través del montaje. Yo me he planteado la película como si fuera un escritor que hace un viaje y a la vuelta, cuenta su experiencia".

No hay que darle muchas vueltas a la cabeza para concluir que cada plano de El cielo gira encierra en su interior muchas más cosas de las que se ven. Y que la despoblación es un pretexto -brutalmente presente, sin embargo- para contar emociones subterráneas: "No me interesaba tanto el hecho físico de la despoblación -porque la cuestión de los pueblos vacíos pertenece a la Historia de España de los últimos 50 años- sino la memoria que se sumerge cuando las personas ya no están". Pero sí quiere matizar Mercedes Álvarez: "En el tema del despoblamimento, ha habido un abandono despiadado y una gran falta de atención política... a los políticos les da igual la gente de los pueblos, porque saben muy bien que ahí se sacan muy pocos votos".

Este es el retrato que de las gentes de Aldealseñor establece la directora: "Saben que están fuera de la Historia, y han decidido desertar de los cambios de los tiempos y de las cosas del mundo, como la política o la actualidad: allí, todo eso no es más que un ruido de fondo: pero también hay algo positivo en eso del abandono, y es ese carácter genuino, esa filosofía de la vida muy ruda a veces, pero muy profunda: muy escépticos, muy socarrones, muy familiarizados con el tema de la muerte -hablan de los muertos como si estuvieran vivos-, y muy resignados. Pero también muy solidarios a la hora de afrontar la precariedad y las privaciones".

La autora de este poema en forma de cine explica así de donde viene su sensibilidad: "A mí, las películas que me interesan son las que asumen riesgos, las que parten de una experiencia para después contarla, como hacía Flaherty con los esquimales. En esos inicios del cine había esa forma de trabajo, que no dejaba que la maquinaria del dinero se apropiara de las cosas, resguardando una libertad que hoy, en el cine de gran presupuesto, no es posíble".

Mercedes Álvarez tiene una última palabra para dos de sus inspiraciones, Guerín y Erice: "Me han ayudado a tener paciencia y perseverancia, algo esencial para una película así. De Guerín me ha servido su experiencia a la hora de investigar posibilidades del cine para contar las cosas de otra manera. Pero lo que más me ha ayudado ha sido la postura moral que ambos tiene frente al cine".

BORJA HERMOSO

Domingo en un pueblo de película

ALDEALSEÑOR (SORIA).- Primero hay siete vacas que te miran al pasar, luego una lagartija que te roza la punta del pie antes de escapar a la rendija del muro y, por fín, la visión de unos aperos de labranza oxidados por el olvido, y al fondo, un escenario de chopos. Y entonces aparece Antonino. Que nació en Aldealseñor hace casi un potosí y hoy, tan tarde pero tan a tiempo, se ha convertido en estrella del cine gracias a sus apariciones en "El cielo gira".

Antonino, uno de los habitantes de Aldealseñor, y "protagonista" de "El cielo gira", en plena siesta.

- Así que... de aquí a Hollywood, ¿no, Antonino?
- Anah, pues no llevaríamos mala vida allí tampoco.
- Y qué, ¿le pagaron mucho por eso de ser actor?
- (Mirando para otro lado y riendo): Bueeeeno... para la segunda parte de la película ya les he dicho, que no sé si pediré 20 o 30 millones.

La socarrona idiosincrasia rural ha sufrido un vuelco a raiz de los pases extraordinarios de "El cielo gira" en Soria y Pamplona, donde acudió la gente de Aldealseñor para verse en la pantalla y comprobar si era verdad que toda la vida es cine y los sueños cine son. Mueren pueblos y más pueblos en Castilla, en el siglo XXI. Pero es muy probable que Aldealseñor se salve de la quema. Porque hay casas rotas y muertas al borde de la carretera, pero hay casas bien vivas y recompuestas en su piedra de antaño en torno a la plaza del pueblo. Y, sobre todo, a 200 metros hay un palacio imponente con una torre de origen árabe que, en agosto, será hotel de lujo.

Es domingo de La Ascensión, y va a empezar la misa de 12 en la coqueta iglesia con frontón a sus espaldas. Carmen, Antonino, Ana, Tomás y Begoña forman corrillo en torno al desconocido. Unos, como Antonino, están contentos con la película que ha inmotalizado su pueblo, "porque me han dicho que qué buen actor soy". Eso de ser buen actor es, en caso de Antonino demostrable: habla igual con cámara delante o sin ella, se mueve igual con o sin ella, mira igual con o sin ella. "A mí la Merche (Mercedes Álvarez) me decía que empezara a hablar y yo empezaba, tal cual, sin ningún papel". Otros como doña Carmen, muestran una vertiente un poco mas escéptica: "Es que algunas cosas no las sacaron. Ya sabemos que en el cine hay que eliminar mucho, pero es que ahora vas al cementerio y dices: "¡uy, qué bonito!, pero en la peli sólo sale lo feo".

Se mezclan el ruido de la fuente y los ladridos de un perro. Antonino, actor de cine, se va a misa.

B.H.

 

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