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Noticia: El Periódico de Catalunya (edición digital)


Nueva York se rinde ante "El cielo gira" de Mercedes Álvarez

Sábado, 30/04/2005

Tribeca exhibe el ejercicio de poesía sobre la memoria de la directora.

Mercedes Álvarez (a la izquierda) y una imagen de su premiada película documental El cielo gira.

Hay gente que borra fronteras, tiene sensibilidad especial para estudiar el tiempo, para escuchar hablar a la gente o a un paisaje, para perseguir a la vida sin intentar ponerle un guión. Mercedes Álvarez es una de esas personas y por eso su opera prima, El cielo gira, está conquistando a críticos de todo el mundo, seleccionadores de festivales, jurados y públicos. Esta semana ha sido la única española en el festival de Tribeca en Nueva York, donde la película, que se estrena el día 12 en España, ha competido con otras 16 en la categoría de documental. Si mañana el título se lee en el anuncio de premios, sumaría galardones a los cosechados ya en Rotterdam, Buenos Aires y París. Alvarez tenía 3 años el día en que su familia se marchó a finales de los años 70 de Aldealseñor, un pueblo de Soria. Cuando en 1998 entró en el Máster de Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra, en dos folios había una propuesta para volver a esa aldea. Tras el máster y tras montar En construcción, los dos folios se transformaron en proyecto y en el 2002, el proyecto empezó a hacerse realidad.

DIARIO PERSONAL

Junto al coguionista Arturo Redín y con Abel García como ayudante de dirección, Álvarez se fue a vivir a ese pueblo donde ella fue la última en nacer y donde quedaban 14 habitantes. Durante 12 meses vivió allí, haciendo funcionar la cámara durante 100 horas, dejando que hablaran el paisaje y Silvano, Antonino, Pepa... todos personajes "metidos en un tiempo sin tiempo".

"Tenía la necesidad de hacer un diario personal, esa era la primera voluntad de la película", explica Álvarez en Nueva York, donde se vuelve a respirar entusiasmo ante un documental en el que "no hay nostalgia por el pasado sino una sensación de impotencia, de presentimiento de que se acerca el final". "Me da pena que desaparezca una forma de memoria que no está escrita sino viva", continúa Álvarez, que recuerda que "cuando desaparece un pueblo desaparece una memoria colectiva".

La cineasta aporta "una reflexión personal". Y esa es una de las claves de esta película que sigue tradiciones y estilos como los de Robert Flaherty y El sol del membrillo de Victor Erice. "Creo que cuanto más subjetivo es uno a más gente puede llegar --explica Álvarez--. Yo podía haber hecho una película de testimonios, de poner a personas frente a la cámara, pero lo que yo quería mostrar es cómo son los días allí y mostrarlo con lógica de ficción".

Para Álvarez, que aboga por "no imponer al espectador una única forma de ver las cosas", la memoria son las imágenes. Ella organizó la suya, con ayuda de estudiantes del Máster, en la sala de montaje, donde pasó ocho meses. Y fue en el último festival de Valladolid donde por primera vez presentó la película. Se proyectó en la sección Tiempo de historia, algo paradójico para una película que "habla de lo que está y queda fuera de la historia, de los exiliados de la historia". Luego llegaron Rotterdam, el acuerdo con una distribuidora española, París, Buenos Aires, Nueva York... Con cada proyección, la película gana adeptos. Y con cada espectador Álvarez vence al olvido. Otra vez.

IDOYA NOAIN. NUEVA YORK

 

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