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Noticia: La Voz de Pinares


El último sacerdote natural de Aldealseñor será homenajeado por sus bodas de oro sacerdotales

Viernes, 15/07/2011

Joaquín Arancón García, natural de Aldealseñor, será homenajeado este lunes en Duruelo de la Sierra donde actualmente es párroco desde 1988.

Joaquín Arancón nació en Aldealseñor el 12 de Agosto de 1938.
Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de El Burgo de Osma y fue ordenado sacerdote el 25 de julio de 1961 en la localidad de Vinuesa, en la comarca pinariega donde años más tarde pasaría gran parte de su vida. “Allí en Vinuesa nos ordenamos cuatro diáconos y mi primera misa la ofrecí un 16 de agosto de ese mismo año en mi pueblo natal. Fue un momento de muchísima emoción porque estaban mis padres y mis hermanos viéndome. Además, como Aldealseñor es un pueblo pequeño, fue toda una fiesta. No se conocía desde muchísimos años atrás otro cura que fuera natural de allí y a la gente yo creo que le gustó. En ese momento sentí mucha alegría por haber conseguido llegar a ser sacerdote”, explica Arancón.

Tras su estreno en Aldealseñor, don Joaquín fue nombrado cura de los pueblos sorianos de Magaña, Povar y Villarraso. “Estuve cuatro años en esos pueblos. Fue mi estreno y allí iba aprendiendo lo que es el Ministerio Sacerdotal”, añade.

Posteriormente, en 1965, fue nombrado cura de Castilruiz, Fuentestrún y Cigudosa. “Estuve doce años y fue muy buena experiencia porque coincidió con el final del Concilio Vaticano Segundo y su correspondiente aplicación de las reformas litúrgicas. Es decir, se pasó de dar misa en latín y de espaldas al pueblo, a darla en castellano y de cara, mucho más participativa”, reconoce el párroco durolense.

En 1977 llegó el momento en el que conoció de primera mano la comarca pinariega. Fue nombrado cura de la localidad de Navaleno donde estuvo cinco años. A día de hoy es todavía recordado con cariño en este municipio.

En 1982 partió para Soria de coadjutor en la parroquia del Salvador. “Estuve cuatro años como coadjutor y dos más como administrador de la parroquia”.

Fue el año 1988 cuando don Joaquín Arancón llegó a la localidad durolense en la que a día de hoy todavía reside como párroco.

Durante todo este tiempo son muchas las cosas que han cambiado. “La práctica religiosa ha cambiado, por supuesto. Antes había más practicantes que ahora, pero eso no solo ha ocurrido aquí en Duruelo sino en todos los sitios. Los valores espirituales en el mundo de hoy en día no cuentan para muchos. Se le da mucha más importancia al materialismo”, comenta Arancón.

Ante la pregunta de qué es lo mejor y lo peor de ser cura, Arancón no duda en confesar que lo mejor “es responder a la vocación de Dios para ser su instrumento y dispensador de la Gracia Divina. Lo peor es cuando ves a veces que hay personas que no responden como uno quisiera a la práctica religiosa. Nuestra misión es predicar el evangelio y hacerlo lo mejor que podemos. A día de hoy, en Duruelo (y en todos los pueblos) hay gente, una minoría, que tiene mucha devoción. Tenemos que ser sinceros y esto es cierto. Pero luego casi todo el pueblo acude a los actos importantes como procesiones de Semana Santa, bodas, actos de las fiestas del pueblo, etcétera. Antiguamente el que no iba a misa estaba como mal visto, ahora quizás es al revés”, confiesa tomándoselo con humor.

A sus 73 años reconoce sentirse con ganas todavía para seguir ejerciendo.

“De cura no te jubilas nunca. Hasta los 75, si tienes buena salud, estás llevando la parroquia. Luego tienes la opción de no seguir según te encuentres y también según lo que opine el Señor Obispo. Pero siempre puedes dar misa y confesar aunque estés ‘retirado’ por así decirlo. Como ahora hay pocos nuevos sacerdotes, has muchos de los que están que siguen ejerciendo después de los 75 años”.

Don Joaquín Arancón García, tras sus 22 años en la localidad de Duruelo, confiesa que es feliz en este pueblo. “Aquí estoy muy contento, llevo ya muchos años y aquí me quedo”.

Seguro será un cura que pasará a la historia local por su bondad. “Me gustaría que me recordaran como un cura que ha querido a todos”, concluye.

El lunes, pasadas las 12:30 del medio día y posterior a la procesión y a la solemne misa enmarcada en la festividad de Santa Marina, el alcalde durolense le hará entrega de una placa conmemorativa con motivo de sus Bodas de Oro Sacerdotales.

Raquel Fernández.

 

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