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Noticia: elcultural.es (edición digital)


Mercedes Álvarez. “Existe una fatiga de las fórmulas de la ficción”

Jueves, 29/12/2005

No se recuerda otra ópera prima, realizada con tan pocos medios, cuyos resultados hayan sido tan estimulantes como El cielo gira. Bello y conmovedor documental en torno a la sustancia del tiempo, Mercedes Álvarez explica a El Cultural su proceso.

  • ¿Cuál es su sensación de cómo ha sido recibida El cielo gira en España?
  • La película consiguió distribuidora a su regreso de los festivales de Rotterdam y París, así que, curiosamente, el término “recibida en España” resulta en este caso paradójicamente exacto. Pero tiene su lógica. Para una obra primeriza, que parte además con la etiqueta de “documental”, el destino más previsible es el cajón, no llegar a estrenarse. Si tenemos en cuenta eso, y las once copias con que se estrenó, la acogida ha sido muy buena y, por el eco que me llega de espectadores, muy emotiva. Fue arropada por críticas muy generosas y sinceras de Víctor Erice, Miguel Marías, Carlos Losilla, Angel Quintana, Carlos F. Heredero, el programa El séptimo vicio, etc... En fin, creo que la película ha sido beneficiaria de una excepción.

  • ¿Qué siente ante el hecho de que la Academia no le haya concedido una candidatura a los Goya?
  • Soy del todo ignorante de los mecanismos y criterios de elección y nominaciones para los premios Goya, así que ni siquiera tengo datos para explicar nada. Pero sí cabía esperar que estuviera ahí, lo esperábamos y hubiera sido un apoyo para su exhibición, aunque este año ha habido bastantes documentales.

  • ¿Se ha sentido en cierta forma ignorada por la industria española?
  • ¿Ignorada? Nada de eso. Y, además, ¿quién es la industria? ¿los profesionales? No estoy muy al tanto. Además, El cielo gira fue desde el principio un proyecto cinematográfico con muy pocos elementos convencionales de la industria: un equipo y un rodaje no profesional, ausencia de actores, de guión previo, rodada en vídeo, etc..., todo ello a cambio de disponer de tiempo y libertad. No entra en competencia con la industria, salvo que, como todas las películas, quiere llegar al espectador y para ello lo importante es que los críticos la señalen.

Formas especulativas
  • ¿Cree usted que realmente asistimos a un renacimiento del documental o es una quimera?
  • Sin tener que emplear el término “renacimiento”, un poco fuerte, yo creo que sí existen canales de comunicación, filiaciones, sinergias, simpatías, entre autores que abordan cinematográficamente contenidos y formas especulativas a la hora de registrar la realidad o de cruzarla con la ficción. Es algo que también ha sucedido en literatura, en el género novelístico. En cine, la libertad y posibilidades nuevas de la cámara y el montaje digital han tenido mucho que ver, facilitan la captura del mundo de la vida y plantean nuevas formas de escritura en el montaje. Pero, sobre todo, yo creo que se trata de una fatiga de las fórmulas fabuladoras de la ficción, lo que empuja a explorar la realidad como relato.

  • ¿Qué se planteó testimoniar cuando llegó con su cámara y su equipo a la Aldea?
  • Muchas cosas, quizá demasiadas. Tantas eran que, ya después de la primera semana de rodaje, tuvimos que tirar las previsiones de guión a la papelera. Empezamos a observar la realidad y a perseguirla. Suponía un riesgo pero era la única manera de hacer algo con sentido. Luego, después de nueve meses, en el material rodado volvía a haber muchas cosas, una memoria en bruto que había que organizar, pero lo básico era un tiempo vivido que estaba atrapado por la cámara y, sobre todo, el de esas personas queridas para mí, los habitantes de La Aldea.

En deuda con Erice
  • En este sentido, ¿se siente en deuda con películas como El sol del membrillo de Víctor Erice o En construcción de José Luis Guerin?
  • Cómo no. El sol del membrillo conlleva un gran coraje, el de un cineasta que sabe filmar como nadie pero que se desarma a sí mismo para volver a creer en las imágenes, y al mismo tiempo conserva todo el rigor y precisión de su cine anterior. En cuanto a En construcción, fue para mí y todos los que participamos en ella, una escuela en muchos sentidos; por las estrategias de rodaje, la paciencia puesta en juego, la fe en la realidad como materia cinematográfica, etc.

  • ¿Qué valores humanos cree que se pierden con la desaparición de pueblos como Aldealseñor?
  • Un modo de estar instalados en el tiempo, de pisar la tierra, de mirar la muerte. La experiencia de la muerte forma allí parte de la vida y eso evita una relación neurótica con ella, más propia de las ciudades, con sus tanatorios y geriátricos. Conlleva también un escepticismo muy humano y una gran capacidad de encaje para las frustraciones y las desgracias. Hay, además, una continuidad generacional en la trasmisión de la experiencia de la vida y un gran ejercicio de la memoria, del recuerdo.

REVIRIEGO, Carlos

 

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